El tema de la motivación ha sido interés de muchos especialistas desde tiempos muy antiguos, por cuánto conocer al hombre, cómo piensa, cuáles son sus necesidades, por qué actúa de determinada manera, por qué prefiere o no ciertos objetos, cómo y hacia dónde se proyecta, ha resultado ser centro de atención desde los inicios de la investigación.
En el proceso de enseñanza aprendizaje la motivación juega un papel importante en la actuación del individuo, al igual que en todas las esferas de actuación del hombre. La motivación ayuda al logro de los objetivos de dicho proceso. Los alumnos realizan una u otra actividad satisfactoriamente si el nivel de motivación hacia la misma es adecuado.
Si bien hace el proceso de calidad esta cualidad, el mismo ha de estar matizado por la preparación que el profesor realiza en conseguir estos propósitos. La motivación hacia el estudio es un proceso general por el cual se inicia y se dirige una conducta hacia el logro de una meta en aras de elevar el aprendizaje en una asignatura, a partir de lograr la motivación hacia el mismo.
La actividad del profesor y sus relaciones con el alumno se convierten en elemento motivacional. La muestra de apatía, las decisiones injustas e incluso una presencia personal inadecuada no estimulan al alumno e influye negativamente en su estado de ánimo. Por el contrario, la actividad del profesor ha de caracterizarse por su disposición ante el trabajo, su trato afable y firme, por introducir medidas para animar a sus alumnos, por brindar la ayuda oportuna a los que presentan dificultades.
La forma de orientación, ejecución y control del aprendizaje en cada asignatura propicia una forma determinada de vínculo de los educandos con el sistema de contenidos que están en la base del desarrollo de los procesos y propiedades cognitivas y que adquieren para ellos un determinado sentido psicológico.
El profesor crea un tipo determinado de interrelación con sus educandos y entre ellos. A través de su lenguaje verbal y extraverbal y su estilo de comunicación transmite y modela un tipo de clima de relación social e interpersonal en el aula, las sutilezas de su actuación pueden ser percibidas.
Cuando los estudiantes tienen la posibilidad de indagar, de confrontar criterios y puntos de vista, se acrecienta su interés por aprender y esto contribuye a desarrollar motivaciones más profundas intensivas hacia el aprendizaje y una mayor implicación de los mismos en el Proceso Docente Educativo, los alumnos asumen mayor responsabilidad en su propio aprendizaje. Se percatan de que sólo pueden aprender si lo hacen por sí mismos, si se implican activa y voluntariamente en el proceso.
El profesor debe proporcionarle oportunidades para que decidan lo que necesitan saber y les ayuda a desarrollar estrategias para resolver; mientras que los alumnos deben ser capaces de probar la significación y la justificación de aquello que aprenden, esto le crea conocimientos.
La motivación hacia el estudio es un importante antecedente de la motivación profesional. Ambas motivaciones representan la continuidad de un proceso que comienza tempranamente en la escuela y se mantiene a lo largo de la vida del sujeto en el ejercicio de su profesión. Esta continuidad es posible cuando la motivación hacia el estudio está basada en los intereses cognitivos del sujeto y la motivación hacia el estudio se expresa en el interés del joven por conocer cosas nuevas, por despejar sus interrogantes, en el placer de dominar nuevas operaciones, en la satisfacción por los distintos momentos que esta actividad implica.
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